LLENAS DE NADA Y VACÍAS DE TODO
Van las ovejas
Anestesiadas
por una existencia
cotidiana,
pero ajena.
Alimentan
su psiquis,
su organismo:
con basura,
putrefactos,
fermentados,
atestados
de moscas, gusanos.
Pero dicen:
“¡Jamás ingerimos
tal escoria!”
Sí, lo han hecho.
Yo soy su pronto
testigo.
Cada vez
que encendieron
la caja boba
para absorber
el veneno
frívolo
de las estrellas.
El manjar repugnante
del deporte,
la pelota.
Y vincularon
sus sentimientos
a historias
televisivas
que promueven
el antivalor
del caos social.
Pero son
incapaces
de verlo.
Tristeza
me da.
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