Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

VIENTO DE LA ETERNIDAD

 

En las aristas de vetustos muros brama con intensidad,

el horripilante huracán de la siniestra madrugada, aullando,

sacrílegamente, con maligna esperanza, todo arrasando,

ni acero ni hormigón de este infierno los librará de verdad.

 

Con ojos bien abiertos por pesadumbre y gran remordimiento,

de venganza atroz e implacable se atormentan y se lamentan,

sus penas y temores con el tiempo más y más se aumentan,

traicionaron al Maestro por plata vil, sin ningún miramiento.

 

Ni oro, ni plata, ni poder de este escarmiento los salvará,

el estío pasa, la cosecha acaba y la guadaña ha de llegar,

a su lóbrego lugar los inmundos por siempre han de habitar,

su memoria cual tamo que el viento veloz se llevará.

 

Solo vacías tumbas y discursos son su vano legado,

palabras que el eco de los tiempos hace ya tiempo se llevó,

la voraz larva que a tantos opulentos antes devoró,

de ellos nada queda ya que el mundo entero haya olvidado.

 

¡Pobres ánimas perdidas! El Creador por ellas se aflige,

a cántaros los cielos por su inmenso dolor han llorado,

como lago de fuego su tormento será eterno y muy pesado,

llama que nunca se apaga, pena que la justicia les inflige.

 

Esta noche sopla el viento en la oscura y triste mortificación,

es la advertencia: muerte y juicio tardan, mas siempre llegan,

hora de gemidos y crujir de dientes que sus almas desasosiegan,

¡mejor les hubiera sido no nacer que causar su perdición!

 

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