Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

TARDE LLUVIOSA

 

Tarde lluviosa, tu amor el tiempo no ha dejado,

tus aguas se lo llevan bajo lento y triste goteo;

todo lo que amé, y de lo que hube de ser reo;

mis lamentos, pues de añorar no he terminado.

 

Todo lo que fue, cual fina arena entre los dedos,

ahora es del pasado dominio; inútil la protesta;

en cada ensoñación con lo ausente, es respuesta

contemplar memorias en rocíos sin ya miedos.

 

Mi amada y mi atroz decepción encarnás,

eso millones de veces, en vano y sin sentido;

al recordar tu figura alejarse en desgano;

fijo la vista al horizonte, y te añorás.

 

Mi recóndita fibra se conduele de lo que pudo haber sido,

cosa que pudo haber llegado a buen fin, si me hubiera esforzado…

mi corazón no para de cavilar en el futuro abortado;

y lo ilusorio que tuvo un millón de chances de haber existido.

 

Tarde lluviosa, de mi alma fiel, dulce compañera,

te revelás, me enfrentás en juegos de palabras;

cual exquisita mezcla de intenciones macabras;

y hacés que mi ser se sincere de cualquiera.

 

Sos madre de nostalgias y amada siempre presente,

esposa de desconsuelos, hasta con sol radiante…

cuando miro lejos, trémulo, y te veo, mi cruel amante.

Te amo… te odio, mas en vos me hago resiliente.

 

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