Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

TAN SOLO EXISTAMOS

 

De la salvaje dictadura del tiempo, ya olvidate,

tan solo permitite llevar en alas del momento.

Seamos nosotros, acá y ahora, cual perpetuo cuento;

como en aquel cuyo remate es pasión, ya quemate.

 

Extingámonos, poco a poco, en cenizas y en tierra;

hasta que nuestra alma se funda en limpio crisol.

Yo soy plomo; vos, lentejuelas… hagamos tornasol;

que tu ánima se aniquile en fogonazo con la mía en guerra.

 

Como la insensata polilla, a quien la flama es locura,

consumámonos, beso a beso, hasta que vuele la ceniza

a manos de un torbellino que sopla y todo pulveriza.

Alcémonos lejos, del mundo, a velocidad y sin premura.

 

Vamos, amante mía; que tu corazón y el mío se derritan;

que nuestros espíritus canten del amor su dulce canción.

Que tu oscuridad y luz dancen con las mías en ligazón.

Hagamos del firmamento nuestro trono, donde las nubes se agitan.

 

En todas partes y en ningún lado sea nuestra habitación.

Nada más que tus abisales iris quiero que en los míos se reflejen.

Dejame llevarte hasta donde los luceros se entretejen;

Seamos una sola pulpa, niebla… un único corazón.

 

Así como en vida, también en muerte; que la tierra nos inhume;

y el agua, y el aire; seamos parte perenne de las cosas

que visten este orbe con fulgor, como las hermosas rosas;

y que el paraíso reciba nuestra esencia y de gozo nos abrume.

 

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