TAN SOLO EXISTAMOS
De la salvaje dictadura del tiempo, ya olvidate,
tan solo permitite llevar en alas del momento.
Seamos nosotros, acá y ahora, cual perpetuo cuento;
como en aquel cuyo remate es pasión, ya quemate.
Extingámonos, poco a poco, en cenizas y en tierra;
hasta que nuestra alma se funda en limpio crisol.
Yo soy plomo; vos, lentejuelas… hagamos tornasol;
que tu ánima se aniquile en fogonazo con la mía en guerra.
Como la insensata polilla, a quien la flama es locura,
consumámonos, beso a beso, hasta que vuele la ceniza
a manos de un torbellino que sopla y todo pulveriza.
Alcémonos lejos, del mundo, a velocidad y sin premura.
Vamos, amante mía; que tu corazón y el mío se derritan;
que nuestros espíritus canten del amor su dulce canción.
Que tu oscuridad y luz dancen con las mías en ligazón.
Hagamos del firmamento nuestro trono, donde las nubes se agitan.
En todas partes y en ningún lado sea nuestra habitación.
Nada más que tus abisales iris quiero que en los míos se reflejen.
Dejame llevarte hasta donde los luceros se entretejen;
Seamos una sola pulpa, niebla… un único corazón.
Así como en vida, también en muerte; que la tierra nos inhume;
y el agua, y el aire; seamos parte perenne de las cosas
que visten este orbe con fulgor, como las hermosas rosas;
y que el paraíso reciba nuestra esencia y de gozo nos abrume.
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