RESONANCIAS DE LA ETERNIDAD
Ventea el blando relente, céfiro etéreo y celestial,
donde impera el desamparo del que vive sin final.
De la heredad del cielo que justo hubieran heredado,
si en poder humano su fe no hubieran depositado.
Rige el crudo susurro al rebaño que no sabe prever,
que su reino sombrío es de quienes se dejan corromper.
Creo estar a resguardo del error de los extraviados,
y soy uno más del gran grupo de los condenados.
Triste suerte es aquella a la que nos hemos entregado,
lejos del dulce hogar que pudimos haber logrado.
Execrable es el fin de quien al placer se ha abandonado,
y a falsas doctrinas del mundo el alma ha confiado.
Inaguantable es el tiempo para quienes allí moran,
y los dolores sin fin que sus espíritus devoran.
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