Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

PECADO IMPERDONABLE

 

A Nancy Mae Clutter y a Bobby Rupp

 

Dos puras almas adolescentes, de amor rebosantes,

ven truncado el anhelo que el tiempo llevó cual velo;

su inocente pasión se eleva hasta el cielo,

amor eterno y puro que se deshace en instantes.

 

Férrea tradición paterna, tajante e inviolable,

vilmente se interpone entre latidos vibrantes;

de dos niños que no quieren ser solo amantes,

¿dónde está la piedad que sea razonable?

 

El fin cercano e inexorable del amor ven venir,

nada puede zanjar esa brecha ya insalvable;

falso muro de rectitud que es abominable,

con sus efectos de unir o también desunir

 

La húmeda mirada de una muchacha muy gentil,

se cruza con la de su fiel y desesperado amado;

reflejo de un amor que ha sido silenciado,

que se apaga despacio bajo el sol de abril.

 

¡Déjenlos ser ya una sola carne por piedad!

un solo corazón, latido firme y sincero;

que al tiempo duro resiste y se mantiene entero,

¡permítanles amarse con total libertad!

 

Mas la vileza, cuando razones y cruces disfraza,

nada busca más que romper el sueño tan preciado;

lo que el alma anhela con fe y con más cuidado:

ser uno o no ser nada, todo o cenizas sin traza.

 

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