OCASO
Inmisericorde, cual implacable bandido en tinieblas llega,
severo, el orbe entero asola y la existencia misma siega.
Ya presto, cual la oscura tenebrosidad de la peste negra,
impetuoso, de bubones apestosos, la carne entera desintegra.
Preciso, cual las pulidas hojas otoñales, su presencia asoma,
cual juez inexorable y sanguinario, la juventud desploma.
Alevosamente, pudre al ser con dulces dichas de gloria fugaz,
insidiosamente, almas que ardieron de vida muy tenaz.
Frívolos acaudalados que el paso con riquezas retardar intentan,
inútil es la balanza que el fin de los que gimen sopesan.
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