MENTIRAS INOCENTES
Del niño, los chanchullos paternos se han de esconder,
por piedad, sobre todo en su edad pueril,
verdad de un padre que nunca pudo ser.
La desilusión más cruda al hombre, al fin, se entera,
por conversaciones crueles que salen hoy a luz,
que aquel ejemplo ideal que adoraba, nunca fue lo que espera.
Si hallar culpa en el padre o el hijo ya no tiene sentido,
¿qué decir de quienes viven normas que no cumplen?
ni ahondar en la imagen del dios que un día han tenido.
Aquel que fue modelo y vara de moral en mundo yermo,
para el crío que creció en dulce protección,
hoy el hijo sufre el mismo mal, cruel desconsuelo eterno.
Cuatro décadas y media son vasta enseñanza,
para que el hijo entienda el duro padecer,
del padre que creció a golpes, mas guardó la esperanza.
Gracias, padre mío: de tu noble corazón sacaste joyas,
que adornaron mis años de ángel y de paz,
hoy sé tu historia y tus penas, ¡ay, cuán dolorosas!
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