Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

MARIPOSA BLANCA

 

Solo para amarte, soy tu fiel y eterno amante,

fugaz fue este amor de abrasador verano,

radiante mañana de luz y sol lozano,

me hiciste desearte en un breve y dulce instante.

 

Tu aleteo ante mí, optimista y confiado,

por un breve segundo mi ilusión alimentó;

con fuerza a mi alma muerta así la conmovió,

cada vibración mi dulce sueño ha marcado.

 

Por un solo instante, mil veces ya ha pasado,

incógnita cruel que el ánimo me deprime,

que solo acepta el corazón que tanto gime:

¿por qué la vida no nos ha unido y sellado?

 

No cual mariposas de un efímero verano,

sino única y pura, a mi vida llegaste a ser;

la que mi corazón más quiso enternecer.

mensajera de un amor que siento ya lejano.

 

Un solo instante de la vasta eternidad,

en mañana clara tu danza me hechizó;

tu suave figura en la brisa me apresó.

¿Qué llenó mi honda y eterna vacuidad?

 

Solo tu opalino y claro y dulce reflejo,

que de tu danza viva me vino a irradiar,

y tu dulce imagen por siempre así capturar.

alumbrando el sombrío y desamparado espejo.

 

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