Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

LOS RÍOS DE LA PERDICIÓN

 

Corriente abajo los años van, crudos e implacables,

destrozando todo con gotas de breves segundos;

por lechos oscuros arrastran vidas y sus rumbos,

a ciegas, aferradas a sueños siempre lamentables.

 

A los veleidosos la tumba arrastra con furia,

en inmenso caudal de afán vil y totalmente ilusorio;

lleno de almas que aguardan su fin en el purgatorio,

quienes por ruines monedas aceptaron el yugo y la injuria.

 

Riquezas que a sus almas viles ya han corrompido,

su dios es un ídolo vil que lento y seguro perece;

su falso poder de salvación poco a poco se desvanece,

son la tentación cruel que el espíritu les ha destruido.

 

Fama que el alma de vano gozo ha colmado,

cual estupefaciente que los hiere como azote,

quemando la mente a fuego atroz, cual vil peyote,

deja solo un despojo ruin, cuerpo vacío y desechado.

 

Poder que, creyéndose dioses, los hizo sentir,

mas hoy, finados ya, no valen más que sucia escoria;

aquel vigor que fue, en su esplendor, vil euforia,

como ceniza gélida y humeante ha de morir.

 

Riqueza, fama y poder… todo en vano consumado,

pagan su destierro en hoguera que no cesa de arder!

¿Cuál es el fin? El pavor de un destino sin ver:

el abismo donde cae el alma de todo condenado.

 

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