LETARGO
El crepúsculo que porfiado se opone a morir,
alumbra mi morada con cadavérica llama,
es el destello fiero que tu abandono proclama,
y me corroe el alma sin permiso ni pedir.
Es aciaga confesión de un porvenir desolador,
cuya presencia plúmbea dice que te has ido,
que es recuerdo pueril y para siempre perdido,
en mar de oscuridad que me inunda con dolor.
Oh mi amor, ¿por qué me herís tan amargamente,
tu imagen, tu fragancia, tu piel que percibo?
si el tiempo debió darme calma y lo esquivo,
no hay palabras para pena tan vehemente…
Amada mía, que te vas en la noche oscura,
vení a librarme de este entumecimiento cruel,
de esta frialdad que en el pecho es hiel,
que me consume y me quita toda cordura.
Si tu sutil figura en la madrugada eterna,
vinieras a mi lado, tu sonrisa yo viera,
mas camino solo y la ausencia es verdadera,
tu amor es fruta que se desea y no se gana.
Las manecillas van con minutos ya difuntos,
testimonio fiel de tu desierta ausencia,
mi alma ya habita en la inconsciencia,
estar juntos es cosa sin sentido y sin asuntos.
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