LA RUINA DE LOS HOMBRES
Portentoso es ver cuál bárbara y cruda aberración,
marca su final cuando el vigor se va en extinción.
Ahora no es más que mustia piltrafa sin aliento,
solo él percibe su profundo y hondo abatimiento.
Cuadro sepulcral y repulsivo ver su carne irse,
llena de humos corrompidos que sin gloria van a hundirse.
Quien se creyó un dios en su loca y vana certidumbre,
hoy es alimento de larvas, con peste y pesadumbre.
Petulante varón, sos templo lleno de inmundicia,
que dejaste entrar en ti la impía y vil malicia.
Tu único laudo es vivir en vil indecencia,
donde en sombras aguardas tu justa recompensa.
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