Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

LA INEXORABLE PRESENCIA DE LA MUERTE

 

A mediana y tétrica tarde lluvia me bañaba,

y un pesar muy hondo la médula me conquistaba,

hacia la fría fosa tu cuerpo inmóvil cargaba.

 

En lúgubre contienda vida y muerte se aliaban,

aflicción y dolor con dulzura se juntaban,

que nada es eterno los sabios nos enseñaban.

 

El cansancio en mi ser se hizo insoportable,

cual peso que a Atlas le es inaguantable,

igual que el dolor del alma, hondo e insondable.

 

El viejo sauce llora en tu última morada,

testigo fiel que el invierno te halla colmada,

y el otoño cruel de sombras te dejó coronada.

 

Tu luz, tu amor y tu mirada eran mi excusa,

hoy vacía el alma en plenitud confusa,

fuiste en mis penas mi compañía más profusa.

 

Mas hoy no: solo soledad es mi compañera,

que me acompaña y mi dolor siempre exagera,

me guía paso a paso a una miseria certera.

 

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