FLORES MUERTAS
Imperturbables guardan la vetusta sepultura,
de insondable pasión que hoy nadie ya rememora.
Son vestigios secos de un ayer que fue otrora;
un sueño que cortó la muerte, amarga y dura.
Mil estaciones han pasado sin cesar, constantemente,
sobre la losa gris de un silencioso camposanto,
guardián de un amor roto, ahogado en su llanto.
Viento, lluvia, sol y frío lo bañan eternamente.
Mil giros del sol ya se han cumplido y consumado;
mientras la amada en su lecho en paz permanece.
Mil nubes viajan, el cielo sin fin florece;
mas su sueño infeliz el mundo ya ha olvidado.
Sesenta y seis otoños, cielos grises, sol velado;
testigos de tu vida y adiós sin ninguna ventura,
que vistieron tu dolor de honda y negra amargura.
¿Cuántas veces tu alma su partida habrá llorado?
¿Cuántas veces tu ruego un milagro quiso lograr?
¿Cuántos tristes ocasos te vieron al fin volver?
)Cuesta abajo a tu hogar, sin el recuerdo de ayer,
¿solo con el vacío de un sueño que no ha de llegar?
Luego la larva cruel de vos hará su propio pasto;
en breves ciclos de otoño que vendrán después;
la guadaña te lleva al lecho, sin retorno ni interés;
mudo testigo el capullo de tu amor funesto y vasto.
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