Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

ES LA VIDA

 

La melodía que revela su penetrante amargura,

al ver, impotente, perder a mi amada en lo oscuro.

Y sufrir por la temprana ausencia de su amor puro.

Luchar entre dolor y afán, en honda desventura.

 

Golpe certero a mi ilusa y vana omnipotencia:

de quien creyó que el amor era lecho de rosas,

paraíso de caricias e ilusiones tan preciosas,

sin espinas, sin dolor, sin crueldad ni demencia.

 

Sin tregua me revuelco en honda desesperación,

que agota mi alma en angustia innombrable,

en forma de dolor profundo e interminable;

de desgracia, de suplicio y honda desolación.

 

Tu recuerdo visita y alivia mi alma azotada,

día tras día, esperando un decreto de muerte:

una sentencia gravosa, de ley silente y fuerte;

tiempo lento y viscoso, de suerte desdichada.

 

Lago de fuego y azufre, casi imposible aguantar;

calvario indecible que frívolas distracciones,

de corazones vanos, sin verdades ni razones,

no pueden mitigar, ni mucho menos apagar.

 

Mi oscura aflicción no expira ni trae nuevo alba,

ni da sosiego al duelo que hiere mi fibra íntima.

Esa que habita en el fondo de la pena última.

¡Bálsamo inefable eras vos, que ya no me salva!

 

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