ENTRE SUS OTRAS OVEJAS
Otras ovejas
tenía el Mesías,
que no eran
de ese redil.
A aquellas también
debía traerlas:
oirían Su voz,
y habría
un solo rebaño
y un solo Pastor.
En la antigua América
lo esperaban.
Nefitas se hacían llamar.
Las marcas de los clavos
en manos y pies,
la herida abierta
en Su costado:
lo vieron, lo tocaron.
Cuán benditos fueron
por verlo con sus ojos,
por tocarlo con sus dedos.
Creyeron:
Él era Dios,
Su Señor y Salvador.
© 2026 Ulises Javier Fratesi Bay – Corazón Negro Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de estos textos, su distribución, modificación o uso en cualquier formato sin autorización expresa del autor.