Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

ENTRE SUS OTRAS OVEJAS

 

Otras ovejas

tenía el Mesías,

que no eran

de ese redil.

A aquellas también

debía traerlas:

oirían Su voz,

y habría

un solo rebaño

y un solo Pastor.

En la antigua América

lo esperaban.

Nefitas se hacían llamar.

Las marcas de los clavos

en manos y pies,

la herida abierta

en Su costado:

lo vieron, lo tocaron.

Cuán benditos fueron

por verlo con sus ojos,

por tocarlo con sus dedos.

Creyeron:

Él era Dios,

Su Señor y Salvador.

 

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