Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

DIAMANTES EN EL FUEGO

 

Son tus vítreos ojos trémulos cuando a cántaros llorás,

Bajo la luna anaranjada y el firmamento oscuro;

Cuando tu tierno corazón se me rompe, te lo juro,

Y toda vos en triste recuerdo te volverás.

 

Niña mía, ¿por qué nuestro amor ha pronto de perecer,

Y la arena húmeda es testigo mudo en la playa?

Te amé sin fin y a tu recuerdo hoy le doy batalla,

Mas en esta dulce primavera ha de morir nuestro ser.

 

Tus quejas y sollozos piden tiempo para darnos,

A la pasión ardiente que un día pudimos vivir;

Mas sé que es tarde ya, con inmenso y tremendo sufrir,

Que pesa en el corazón… ¿qué haremos, qué esperarnos?

 

La brisa fresca despeina tu castaña cabellera,

Se mueve cual ola que llega en alta marea;

El agua fría avisa, y nos moja los pies y la idea,

Que tus diamantes arden cual fuego y hoguera.

 

Nuestras manos fundidas ya no quieren ni pueden

Jamás separarse; uno solo somos y queremos ser.

Amada, el verde esmeralda de tu mirar no me deja creer

Que nuestro amor sea de aquellos que mueren.

 

Mas no; tu aroma, tu calor y sabor a mujer,

Boca con boca me dicen que olvidarte es peor que mala hazaña.

Prefiero ser presa y carroña de la más inmensa pena y saña,

Si así puedo tu dulce amor al fin retener.

 

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