DESPERSONALIZACIÓN
Indolente, existo; pesadilla me ha entregado,
me miro a mí mismo cual espectro extraño,
mi ser, al borde del fin, ajeno y sin tamaño,
intenta entender por qué todo ha cambiado.
¿Qué infernal pantomima es esta dura escisión,
que llega del abismo, lejano y aledaño,
prisionero de su norma, sin arte ni engaño?
¿Quién soy? ¿Dónde el umbral de mi perdición?
¿Huyó ya la razón? ¿Fui dejado cual siniestro ente,
a esta prueba macabra, fuera de mi alma,
que rompe todo pacto, toda fe y toda calma,
No sé quién soy, ni por qué soy diferente.
Espeluznante es verme sombra en esta vivencia,
el mundo sigue su curso, siempre adelante,
ajeno a mi suerte, a mi pena y a mi instante.
Sucedió fatal: su injerencia en mi conciencia.
Es mecanismo eficaz, mortuorio de la mente,
ante el gran trauma, no calma el glacial terror,
ni el miedo atroz que me causa tanto dolor,
que llena de pavor y mata lo que siente.
Al fin, tras largo lapso, llega el frío sosiego.
La realidad contemplo con ojos ya muertos.
Mas queda el dolor de hechos y de aciertos,
Soy yo… y otro ajeno, preso en este juego.
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