Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

DESGRACIADA SUERTE

 

Cada noche de octubre, cuando solíamos andar,

por sitios que cubrían cantos dulces de grillos,

en el éxtasis de nuestros paseos sencillos…

yo me preguntaba cuánto el hechizo habría de durar.

 

Poco importaba si luna clara era compañera,

o si el cielo gris y lluvioso nos mojaba,

pues tu mano en la mía me embriagaba,

llevándome a una época dulce y verdadera.

 

Intento, en vano, aquellos tiempos recrear,

al andar por calles que un día nos vieron

ser un solo ser, y amor nos conocieron.

Mas solo queda un vacío triste que mirar.

 

Los grillos de antaño ya no tienen por qué cantar;

bien saben que lo nuestro ya es solo historia.

Tu mano en la mía es dolorosa memoria;

me voy cabizbajo para no verme llorar.

 

La gran luna de días frescos y de brisa,

ya no nos alumbra, sombra ya no refleja,

salvo la mía, desde que el amor se aleja.

Esos besos de ayer, hoy son triste deprisa.

 

Lluvia que antes nos hacía abrazar más fuerte,

hoy es llanto de un deseo que subió al cielo,

gotas heladas que caen de un mustio suelo,

testigo mudo de nuestra desgraciada suerte.

 

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