Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

DEPRESIÓN

 

El ansia de no ser, cual arena, me arrastra y succiona.

Carga pesada me hunde; ancla soy de alma plomiza.

Mi lecho: tumba tibia donde calma no se atiza.

Cadenas de aire y hierro, mi ser tracciona y aprisiona.

 

¿Dónde fueron los colores que tuvo mi alma y vida?

Insípido, gris, sin eco, todo enturbiado y lento.

Miro el mundo a través de cristal empañado y lento.

Todo es ceniza; frío que la pasión ha detenido.

 

El ruido interior martillea fuerte y dura mi mente.

Peso sordo de lo que fui y ya no puedo ser:

Látigo ardiente que me hunde en el duro padecer.

Sentencia: prisionero de alienación siempre presente.

 

Máscara de normalidad, que pesa cual duro plomo es.

Muros de vidrio, mas duros cual piedra, me dividen.

Cansancio y vergüenza mi fuerza vital ya piden.

Soy anómalo; en mi refugio el alma se esconde y es.

 

¿Cómo sostenerme si el mañana es incierto y lejano?

Si el tiempo es niebla gris, relojes que ya no miden.

El ayer: errores que perdón no piden ni piden.

Cada día es repetir el dolor que llevo en la mano.

 

Dios, tu ayuda pido; el interruptor hallar al fin.

Salir de este letargo, sueño eterno y sin final.

Quiero paz en la lucha, tregua y descanso real.

El silencio me espera, suave, en su eterno confín.

 

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