Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

CUANDO LA AUSENCIA TUYA SEA MI COMPAÑERA

 

Cual penumbra triste que al alma desconsuela,

muy hondo ha sido, ladina, siempre hincada;

espina maliciosa en el corazón clavada,

y tus besos lejanos hacen que me duela.

 

Sí, esa cruel compañía sin forma ni materia,

cual frío que es falta de calor y de vida,

oscuridad, que es luz y color ya perdida,

envuelve mi espíritu en inmensa miseria.

 

Y es suplicio cual espada aguda de dos filos,

que me parte hasta el hueso, sin tregua ni calma,

cierta y amarga verdad que me hiere el alma,

y horada mi ser, dejándome en sigilos.

 

Poco importa si el sol con su luz me revive,

si intenta ser bálsamo breve y solo instante,

mientras voy por caminos, errante y vacilante,

o el viento en mi rostro su tortura escribe.

 

Ni el sol logra borrar mi pesar sombrío,

que ofusca mi mente y poco a poco la ahoga,

duda que sin piedad mi ser interroga,

ni sombras calman este dolor tardío.

 

Ansiedad y dolor que aún puedo soportar,

yendo cual muerto vivo, arrastro ya mi vida,

por calle desierta, cual alma en pena perdida,

sabiendo que tu adiós por siempre he de cargar.

 

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