Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

BRISA FRÍA

 

Corriente fresca que llega en la mañana invernal,

baña mi rostro con su suave y grata frescura;

traen memorias la más tierna y dulce dulzura,

de aquellos tiempos idos, día sentimental.

 

Mas hoy cabalmente en esta clara mañana,

que brilla radiante, plena de luz y de sol,

regresan evocaciones y vivo arrebol,

de aquella edad feliz, luz temprana y lozana.

 

Camino por senda que hoy ya es muy diferente,

mas guardo en mi rostro la misma dulce sonrisa;

que nace con gozo, dulce como suave brisa,

en mi faz grabada, espontánea y siempre presente.

 

Injusto sería llamarlo justo galardón

que el cielo me otorga por mi gran mérito o valor;

sería jactancia, error, falta y deshonor,

algo vano, fútil y sin ninguna perfección.

 

Escucho la grata melodía que yo sentía,

canto de ángeles, suave y dulce armonía;

canción bendita que al alma siempre envía

paz, gozo inmenso y gran, inmensa alegría.

 

Bienaventurada seas, brisa clara de otoño,

mañana dorada que traes viejas memorias,

me llevas a tiempos de dulces y bellas historias,

cuando era dichoso en mi dulce y tierno retoño.

 

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