BAJO UNA LUNA DE NOVIEMBRE
A Nancy Mae Clutter
La suave brisa nocturna fue testigo de soledad,
de aquel beso postrero, entre dulces amantes;
muestra de amor que duró breves instantes,
bastó para saber lo que sabe a eternidad.
Y allá arriba la luna, con su halo de plata,
tendía su manto suave, celeste y mortecino,
sobre el fuerte afecto que en amor devino;
de dos almas ajenas a la suerte ingrata.
El canto de las hojas de olmo se le sumaba
a aquella escena perfecta, breve y serena;
parecía un más allá, despedida sin pena…
mas cruda realidad sus pechos asolaba.
Un “hasta luego” y “te amo” ambos solían decir,
la contraseña que siempre se repetía,
mil veces antes, cual día y noche se hacía.
Mas este fue el adiós más amargo que hubieron de vivir.
¿Por qué en esa noche el fruto de amor pereció,
si la dicha era segura cual ave en la mano?
¿Por qué fue cual final, muerte del verano?
¿Escrito estaba el fin del lazo que los unió?
«Hasta mañana, amada mía», su voz clamó;
«Hasta mañana, mi príncipe», fue la respuesta.
Mas solo quedó brecha abierta y funesta
que los separó; la Parca su amor reclamó.
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