Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

ÁNGEL ADOLESCENTE

A Nancy Mae Clutter

Jovencita con aroma a pueblo y tierno corazón,
Amazona de la verde pradera que te vio cabalgar,
Largos veranos y en el río libre nadar,
En rincón paradisíaco, del Edén la real expresión.

Muchacha de diecisiete inviernos casi cumplidos;
Rebosante de alegría, tu sonrisa generosa,
Inocente mirada, dulce, dócil y amorosa.
Tus sueños, por viles seres, fueron destruidos.

El valle y el río fueron testigos de tu abrigo;
Año tras año, sosegado, tranquilo y sereno,
Tu pecho rebosaba de amor, inmenso y pleno.
Hasta que el fin llegó en campo de trigo.

Ruidosos gritos sordos, nadie los pudo escuchar;
Ruegos inútiles a verdugos crueles e inclementes…
Nada detuvo sus afanes locos y dementes;
Su despreciable obra, tristemente, hubo de prosperar.

Fue noche, luna llena, tu hermosa juventud,
por vil estratagema se vio así truncada;
ni ruegos ni gritos: tu vida silenciada;
muerte te acogió en su fúnebre ataúd.

 

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