Poesía donde lo mortal y lo eterno se encuentran.

¿Y SI ACASO TE FUERAS?

 

Si tu ausencia se hiciera pronta carne en mi vida;

si acaso sintiera que tus ojos son recuerdo fugaz;

¿qué valor tendría mirar al cielo, al ser incapaz

de que otra luz, cual la tuya, sanara mi gran herida?

 

Tu cruda falta haría de la vida espantoso vacío,

cual negro agujero; nada jamás lo saciaría.

Vería una refulgente alborada que palidecería,

al compararla con tu recuerdo que huye cual río.

 

Una mustia y errante alma vagabunda sería la mía,

acompañada de una cohorte de plena y gran ausencia.

Un fallecido corazón daría forma a mi existencia;

cada mañana, un extraño, al espejo, yo vería.

 

Calco, ridícula réplica de un ser humano, ahí estaría;

no sabría quién a quién miraría, por horas y por años.

Mi muerto reflejo y yo, viéndonos cual dos extraños;

apenas dos siameses con pesada vida que fenecería.

 

No; ni el río, ni el cielo, ni el sol, ni la suave pradera;

ninguno de todos ellos, con su más pura intención,

la densa sombra de tu ausencia borraría de mi corazón.

Aun fracasaría en su noble afán la suave primavera.

 

Por eso, mi corazón te ruega, te suplica, te implora:

Quedate conmigo, amor, hoy, esta noche, toda una vida;

Permitime tener tu alma en mis pupilas asida;

Sí, como al recuerdo de nuestra niñez, que nos añora.

 

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